sábado, 16 de noviembre de 2013

RECORRE LA VIDA SUS CAMINOS, POR SANTIAGO ARIÑO

RECORRE LA VIDA SUS CAMINOS

“Dichosos todos los que temen al Señor, los que van por sus caminos” (Salmo 128:1).

Recorre la vida sus caminos, a veces bordeados de flores, a veces cubiertos tan solo de polvo y soledad. En otras ocasiones discurriendo discreto, por valles y montañas. Y en otras, bordeando mares y acercando pueblos. Caminos que atraviesan de norte a sur y de este a oeste el pávido suelo de mi nación. Caminos que recogen los pies de los que por ellos transitan, caminos que guardan los secretos de aquellos que a ellos les contaron sus desvelos y dolores. Caminos repletos de las palabras que suspendidas en el tiempo, son mecidas por el viento y llevadas a recorrer corazones y a saciar las almas sedientas de amores.
Vuelan las azucenas envueltas en sueños de colores. Vuelan los lirios del campo arropados por los trinos de los pájaros cantores. Anhelos que rivalizan con las realidades escondidas en el lienzo de la imaginación. Frondosos bosques que espuman sus olores a los vientos. Noches que tiñen de oscuridad el paisaje, el bosque y el camino. Luceros que discretos y escondidos tras la luna, salen al encuentro del caminante que atraviesa sereno la reseca estepa por la que avanza el camino. 
Poco se fija en aquello que lo adorna, en aquello que lo define y le da carácter. Poco se fija en aquellos que a su vez avanzan igual que él. Poca atención le presta a la piedra que le dio tropiezo. Poco le importan las nubes que sobre su cabeza se perfilan. Sigue su camino sin atender a su destino.
Caminante que te adentras por el camino ¿le preguntaste cuál es su destino? ¿Te fijaste cuál es su trazado, por dónde transcurre y a dónde va?
Se arremolina la vida, arrastrada por la corriente del soplo divino que la divide y la dispersa. Se esparce por el camino, se disemina y se pierde escondida entre las piedras y el polvo. Se hace pequeña la visión cuando se le suma la distancia, cuando se la observa desde lejos. Absorbe las risas y los llantos sin dejar ni rastro. Bebe de lo que el hombre le da, sin preguntarse qué será. Poco le importa al camino que sigue fiel a su vocación, llevando de ida al que por él se aventura y cerrando y dificultando el regreso, pues la vida tan solo avanza en una dirección.
¿A dónde va tu camino? ¿Pensaste en su final? ¿Te dejas guiar por los que por él van? ¿Quién te enseñó a caminar? ¿Era de fiar el que por él te inició?
Caminos que avanzan en todas direcciones. Caminos que por sus formas y colores nos atraen y nos seducen. Caminos que nos cautivan por el paisaje y la multitud que por él se anima a caminar. Pero ¿cuál es su final? 
Si la sombra de la cruz no alivia tu fatiga, si la voz de Jesús no te anima, si la mano de Dios no te guía, entonces, desiste de continuar y busca hasta encontrar aquel Camino que al cielo te ha de llevar.

















 Santiago Ariño.
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